Thursday, July 4, 2013

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Ya son tres los monarcas que han decidido ceder el relevo del oficio, y el peso y debilidad que tiene la corona en estos difíciles tiempos, a sus hijos: nuevas generaciones adaptadas a un mundo presente con un pensamiento renovado y con la supuesta capacidad para reinar y seguir con el negocio familiar.

La primera surgió en Holanda, S.M. Beatriz van Oranje-Nassau, reina de los Países Bajos, pionera en la empresa de jubilarse antes de que la muerte la sorprenda. En un país de marcada sucesión por esta vía, no sorprende en absoluto, pues el agitado siglo XX ya da muestras de la situación en diversas circunstancias. El preámbulo de una celebración que reuniría en una cena de gala a todas las monarquías europeas vigentes en peligro de extinción.
La segunda en Qatar, donde el Emir Hamad bin Jalifa al Zanidio señas de constatadas intenciones para ceder a su hijo las riendas del emirato. El estilo abdica, pasando la sorprendente jequesa, con su elegancia y buen vestir, a un segundo plano. Una firme defensora del  papel de la mujer en el mundo árabe, galardonada con el honoris causa por varias universidades como Virginia, el Imperial College London o Georgetown.

La tercera, que no última, pues la trayectoria que llevamos hace pensar que podría haber una cuarta por la necesidad de cambiar de generación, viene de la mano de Bélgica, el rey de los belgas Alberto II, el cual ha alegado problemas de salud en su abdicación a su hijo, el duque de Bravante, Felipe, tocayo del nuestro. La verdad es que hace años, un libro escrito por la reina consorte, Paola, que desvelaba un secreto familiar, empezó a tambalear la persona del monarca, quien ya mayor tiene que enfrentarse en juicio a una supuesta hija, por no hablar del juego de la reina Fabiola, viuda de Balduino I, quien ha trapicheado con la Hacienda del país para garantizar su fortuna ya que no tiene herederos directos.

Ante estos tres acontecimientos que parecen haber caído como piezas de dominó en fila, la vista de la opinión pública y los periodistas se centra en España y el Reino Unido, irónicamente en los reyes más testarudos de todo el continente, por el fuerte peso y legitimidad que recae sobre ellos y los hacen asentar, sin tener la edad en cuenta, en el trono. Están mayores, la reina Isabel II de Windsor está celebrando su alto apogeo por el jubileo, a diferencia de Juan Carlos I de Borbón, que desde que se echó aquella foto en Botswana el espíritu del elefante maldito lo ha rondado fielmente hasta el día de hoy. Estaría bien una abdicación, cuando los tiempos parecieran mejorar, pues no creo que nuestro Rey se despida con este mal sabor de boca, ni huyendo de las circunstancias y dificultades por las que pasa España con los gobiernos del neo-turnismo, la corrupción y el afán de indiferencia ante la superación que se requiere. El acentuado empobrecimiento que viven las clases medias sin un futuro claro movidos por el miedo del fantasma europeo. La Casa del Rey estará pasando todas estas horas bajas, sabiendo que esta nación sufre de una fuerte amnesia para ver si recupera la fama perdida y se le reconoce su papel, no solo en la transición, que es bastante laureado, sino como embajador y el mejor representante de España, luchando por nuestros intereses sin excepción, en todo el mundo.

Quizá Suecia, Dinamarca…pero ahora que lo pienso, la cuarta abdicación ya ha tenido lugar, y es que no nos podemos olvidar de que Su Santidad renegó de sus derechos para cederlos, dándole ese aire nuevo que la Iglesia merecía en el Papa Francisco y recluyéndose en un convento del Vaticano pasando de la riqueza a la austera mendicidad con la que viven en el monasterio.

Europa está renovándose, y está convencida de que así, la época del convulso siglo pasado quedará más que enterrado dando paso a una nueva generación de reyes que no vivieron las guerras mundiales, que nacieron sabiendo que Estados Unidos era la primera potencia y que tras la marchita Unión Soviética los dragones rojos lanzan sus llamaradas de fuego interesado sobre las potencias occidentales. Un mundo nuevo sin duda, hermanado y sin fronteras.



La globalización ha tenido lugar en un período muy breve del tiempo, y eso hace que la gente no goce de su costumbre y se adapte. No existen reglas, ni leyes, ni normas para controlar este todo de todos en el que se ha convertido la civilización. No existe todavía una mente común, no existe un conocimiento de las costumbres ajenas. Se ve al forastero por su prototipo arcaico, por lo que decían los viajeros y las noticias que de ellos traían hace lustros. Se condena el racismo sin saber, el indetitarismo, el fascismo y todas aquellas otras manifestaciones de pensamiento que agreden al extranjero por miedo o temor a que todo lo que se ha creado y que se reconoce como propio se pierda en esa mezcla de culturas que no se entienden ni se comparten.


En la misma Andalucía, hay que ser profano y religioso. En 1935, por poner un ejemplo, los pescadores almerienses eran en su mayoría anarquistas, en cambio sacaban sobre sus hombros en procesión a la virgen del mar. ¿Cómo se puede entender esto? No existe el radicalismo, no existen un blanco y un negro, sino una alta gama de grises en un amplio abanico. Europa ha hecho una labor fascinante, la esencia europea que ha tenido el propósito de juntar a todos los países vecinos y hacerlos hermanos. Fuera de las tildes económicas, se han cargado los Alpes, los Pirineos para amasar en comunidad los valores de solidaridad (ahora perdido) de unidad y fraternidad. Un merecido premio Nobel de la Paz ajeno a la crisis que nos carcome debemos de saber que estando todos juntos seremos fuertes. Pero si Alemania se dispone a dirigir esta orquesta con un carácter tan fuerte y de colmo al interés de los violines, porque parecen sonar mejor, dejamos a los chelos, a las excluidas violas y a los bajos fuera del plan, aun estando en la misma sala, y aun teniendo que aguantar lo que se les manda por no romper las partituras y mandarlo todo a tomar por culo.  

Sire

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