Y entonces quiso meter la cabeza a través de las últimas paredes, y no sólo la cabeza, quiso pasar a aquel mundo. Pero éste está bien oculto a los ojos del hombre, la agonizante inocencia, ya extirpada de ese mundo, mostraba el ocaso de los seres puros, la escasez de la bárbara ensoñación de la que ya muchos hemos sido despojados.
El poder iniciador de la vida fue desterrado a los infiernos, tan solo la demencia será capaz de rescatarlo de tan tortuoso paradero. Toda locura encierra a su paso un mundo donde los restos descuartizados de la realidad se sumen al juicio de la imaginación donde no existen límites, donde el candor domina con mano de hierro y gracias a ello la ingenuidad da paso a la valentía suficiente para dominar las pasiones que fluctúan en la más blanca opacidad, pues tenía el amor su gloria en las puertas del infierno.
Lobo Estepario

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