Wednesday, July 3, 2013

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Coincidiendo con el 130º aniversario del nacimiento de Frank Kafka, Rincones de Amago ha elegido a este escritor para homenajearlo y darle una modesta mención, haciéndole hueco en nuestra sección tan celebérrima Nuestro Pequeño Tributo.

Un joven enfermizo, salud endeble y mal aspecto. Una Europa en la que se gestaba el odio de los identitarios, un racismo impuro y otra vez cediendo el telón para dejar ver la estampa de Caín y Abel sobre el escenario de la calle, con el guión de la realidad. Brutal experimento de fallidas consecuencias fue nuestro siglo pasado, que atormentó a miles de miles, la cara más agria de las ideas, unas que quizá necesarias no deberían de haber tomado la gigantesca y monstruosa forma que adoptaron. El viejo continente ardía en llamas, se reducía a cenizas y hacía por desaparecer por cada bombardeo.

Este era el contexto en el que el escritor Frank Kafka se desenvolvía. Judío. Lealtad y amor a sus hermanas que deseaba porque serían de las pocas en entenderlo, ante la miserable calaña que tomaba parte en la humanidad. Moriría años antes al exterminio, pero qué vidente fue con la metamorfosis, casi mesiánico. No hubiera podido soportar ver cómo su familia entraba dentro de los vagones de tren, perdidos tras el negro tizón humo de la máquina que andaba a trompicones por unas malditas vías. Privados de su dignidad hacían procesión de martirio, con todo su pesar y penar, su rabia y su miedo…

[Puntos suspensivos que dejo caer como suspiros, pues es bastante el dolor insufrible que pudiera imaginar, no tanto como el que aconteció en la realidad] Kafka fue un genio y un crítico. Retrató lo absurdo paseando coherentemente por la vereda de las letras, sin tachones, sin fallos ni errores. Ningún dadaísmo aparente ni ismos del estilo que sufrieron de abusos porque los mismos que creyeron poder hacerlo no se pararon a comprender el mensaje. Todo tiene mensaje, sino no es arte. Muchas veces se premia el esteticismo, un esteticismo vacío, pero bello, qué ironía. Ante todo complejo.

Retratar lo absurdo, retratarnos a nosotros. Una absurda sociedad que vuelve en extraño al amigo, por haber caído en enrolarse en la tela de araña que desquicia a cualquiera, de las masas y la muchedumbre. Una breve historia con sutiles pinceladas de biografía (menos aun de las que pudientemente pudieran aparecer). Darse cuenta y convertirse en una cucaracha, en un monstruo y en algo despreciable, como los judíos de aquella posterior época, y a pesar de ser familia, todos hermanos, entrar en la habitación y aprovechar la debilidad para dejarlo muerto, en el suelo, sin más. Con un final sin sabor, sin tristeza, con la completa indiferencia de saber que allí, como si nada, la historia empieza y la historia acaba.

No dejar que se convierta en mariposa, no dejar que evolucione, que brille y que vuele con alas propias. Reflejo de la opresión. Estar calmado y seguro dentro del capullo mientras que de esa cosa pasas a ser otra. Serenidad en la protección. Kafka es un incomprendido que he tenido el placer de estudiar años atrás. Un ser al que la literatura le abre sus puertas y lo enmarca dentro de las letras más prestigiosas y universales. Porque así es este mundillo: frustrante, huérfano, perverso, libre, enriquecedor.


Feliz cumpleaños, pues aun muerto, si todavía estás en la mente de alguien vives en su recuerdo, y te aseguro que sí que lo estás. Y feliz Julio a todos ustedes, lectores amables de Rincones de Amago que nos hacéis, con vuestro aprecio, sentirnos algo más admirados. 

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