Tantas naciones en el mundo, todas deseando riquezas, fortuna, gloria, reconocimiento, fama y una que otra nación perdida queriendo un poco de paz, todas de una u otra manera demostrando sus intereses personales, pero entre toda esa gente narcisista surgen luciérnagas altruistas.
La imagen de algunos quedaba destruida por los estereotipos creados por otros, que la rubia tonta, que un hombre amable es indicio de homosexualidad, que el tatuado es ultrajado y el español un desalmado, por eso de las corridas de toro, ay si supieran, si supieran; pero la belleza de los jardines de la vida reside en la belleza que brindan los alcatraces, porque entre margaritas, rosas y azucenas, ellos reflejan elegancia y nobleza al igual que aquel alcatraz del que ella se enamoró, porque sin quererlo, sin pensarlo, sin buscarlo llegó en el mejor momento de su vida, en su juventud.
Un día sin él era toda una eternidad, no tortuosa pero si melancólica, porque ella no necesitaba saber qué hacia todo el día, ella le daba placer y dicha saber poco de lo que hacía, compartir esas alegrías, ser parte de su vida y poder disfrutar de ese corto pero sustancial tiempo a su lado.
Ni el tiempo, ni la distancia, fueron sus aliados, pero si lo fue el amor y aunque muchos creían que ese “amor” era una simple atracción, su corazón decía una historia totalmente diferente, ya que aquellas veces que le hizo caso a la razón, terminó triste y desdichada, una mezcla entre pesar, dolor y melancolía, pero que ella relacionaba más ese sentir con añoranza, ya que es imposible describir en palabra el idioma del corazón… él sólo obra con los sentidos.
Ella esperaba algún día estar a su lado, deleitándose con una traviata o un buen tenor, pero sólo Dios sabía si algún día lo tendría entre sus brazos; pero sin lugar a dudas ella siempre, siempre lo estaría esperando…
Anely Civy
La imagen de algunos quedaba destruida por los estereotipos creados por otros, que la rubia tonta, que un hombre amable es indicio de homosexualidad, que el tatuado es ultrajado y el español un desalmado, por eso de las corridas de toro, ay si supieran, si supieran; pero la belleza de los jardines de la vida reside en la belleza que brindan los alcatraces, porque entre margaritas, rosas y azucenas, ellos reflejan elegancia y nobleza al igual que aquel alcatraz del que ella se enamoró, porque sin quererlo, sin pensarlo, sin buscarlo llegó en el mejor momento de su vida, en su juventud.
Un día sin él era toda una eternidad, no tortuosa pero si melancólica, porque ella no necesitaba saber qué hacia todo el día, ella le daba placer y dicha saber poco de lo que hacía, compartir esas alegrías, ser parte de su vida y poder disfrutar de ese corto pero sustancial tiempo a su lado.Ni el tiempo, ni la distancia, fueron sus aliados, pero si lo fue el amor y aunque muchos creían que ese “amor” era una simple atracción, su corazón decía una historia totalmente diferente, ya que aquellas veces que le hizo caso a la razón, terminó triste y desdichada, una mezcla entre pesar, dolor y melancolía, pero que ella relacionaba más ese sentir con añoranza, ya que es imposible describir en palabra el idioma del corazón… él sólo obra con los sentidos.
Ella esperaba algún día estar a su lado, deleitándose con una traviata o un buen tenor, pero sólo Dios sabía si algún día lo tendría entre sus brazos; pero sin lugar a dudas ella siempre, siempre lo estaría esperando…
Anely Civy
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