Saturday, June 15, 2013

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Hospitalariamente la invitó a quedarse en su hogar, era forastera en tierras muy lejanas de casa. Él era muy amable y con inocencia, decoro y júbilo le abrió las puertas de su morada.
Pobres hombres, siempre tan inocentes.

Los días, las tardes y las noches transcurrían de maravilla, ella era muy agradecida con los buenos tratos, jamás abusó de su buen corazón ya que si él despertaba temprano para sorprenderla con manjares ella se acostaba tarde para regalarle tiempo, bocadillos y compañía.

Cada uno partía a su habitación, con tiempos cortos, con tiempos largos, con tiempo… ya que no había hora para despertar y por lo tanto mucho menos para dormir, con la confianza de dos leales amigos se contaban hasta lo que no, ya que ella confiaba ciegamente en él y eso no quería decir que le contase toda su vida, si no que se sentía autentica a su costado.

Gotas de lluvia que rompían el silencio de los dos queridos amigos, se querían como amigos, se apreciaban como amigos, se amaban como amigos… claro eso suponían. Bailaban con delicadeza, ella acurrucada entre su mentón y su hombro, rodeando con sus brazos el cuello de aquel joven bohemio; él la abrazaba con dulzura en la cintura, sus dos brazos encajaban perfectamente en el cuerpo de aquella radiante dama, su cabeza delicadamente acariciaba los rizos acaramelados de su querida (o tal vez amada) amiga. Terminaron las ultimas notas, uno alzó la mirada y el otro la bajó, pero es ahí cuando ambos sintieron esa chispa en su columna vertebral, él se acercó a ella, pero los labios de ella le dieron un inocente beso en el cuello, algo se encendió en los pantalones de él, pero ella completamente ajena a lo que sucedía a centímetros de sus manos, se despidió y se fue a “dormir”.

Más desconcertado que atraído, dio un tumbón en la cama y se quedó plácidamente dormido. Dos de la mañana, su puerta dio un suave chirrido, de puntillas como una ninfa voló a la suavidad de su cama, (de nuestra cama). Se acercó a él con inocencia, como niña que tuvo una pesadilla y quiere (y necesita) el resguardo de su padre. Despertó y la vio, tan quieta, tan relajada, tan bella… jamás la había visto tan hermosa, sin un gramo de maquillaje, sin una gota de gel, era ella, la belleza andante. Se acercó a sus labios y ella lo detuvo de golpe… sonrió picarescamente y lo besó, en el cuello nuevamente. Ahora ella si se percató del despertar de su “amigo”. Se miraban, pero no se hablaban… las palabras salían sobrando en esa quietud, el ambiente era cálido, aunque en las ventanas hubiera una empañada niebla.

Le quitó su suave camisa, le besó el pecho y se acurrucó en su regazo, él se quedó inmóvil, no podía hablar, ni reír, ni moverse y mucho menos tocarla. Ella tenía poder sobre él y él ni siquiera se daba cuenta. Sin previo aviso ella se quitó su blusa, dejando al descubierto esos bellos atributos que se le concebían a las mujeres; él subió la mirada, pero ella notó el sonrojo de sus mejillas… rio con delicadeza y lo volvió a besar en el pecho… pero ahora todo más cálido, más intenso, más placentero. Sus senos rozaban su pecho y él se sentía realmente realizado. Todo era tan libidinoso, tan perfecto, tan propenso a la lujuria, pero sus brazos solamente supieron rodear su cuerpo semidesnudo, ella parecía haberse quedado dormida. Le dio un beso en la frente y se quedó dormido junta a ella. Junto a su querida. El tiempo se volvió infinito, ya que ellos estaban enamorados…

..pero no de ese amor cualquiera…

…ellos eran tan solo amigos.

Anely

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