“Qué triste es el dolor cuando vuelve amarga la belleza”.
-Sir F.J. Ibáñez-
Conforme se va creciendo se va deseando, hay sueños egoístas como de los empresarios, hay sueños altruistas como los de los niños y hay sueños armoniosos como los de los amantes… unos piensan que madurar es aceptar aquello que te rodea y estar tranquilo contigo mismo, pero no, madurar va más allá de eso, es aceptar lo correcto y corregir lo incorrecto, no conformarse, no deambular… trotar hasta hallar lo que se buscaba. Madurar, crecer y a pesar de ello no dejar de soñar. Ya que cuando crezca quiero seguir siendo niño, con mi inocencia, con mis deseos y mis anhelos.Uno piensa, uno quiere, uno busca, pero ¿Qué podemos hacer cuando el corazón ha elegido a sus apasionados quereres?, ¿Somos nosotros dueños de nuestros sentimientos o somos víctimas de los mismos? Amar, amar, amar… todos dicen hacerlo, pero nadie se detiene a demostrarlo, no sólo se ama a una pareja, a un padre o a una madre; y es lo triste de esta época, de este maldito siglo, parece que hemos olvidado lo que es amar… lo que es amar a un amigo.
Amar a un amigo. Verlo bien; alegre, dichoso, joven, bello y fuerte. Amar a un amigo y sentirte orgulloso por sus progresos, ver su mirada y sentir calor, rozar su mejilla y prender una vela en el alma. Amar a un amigo y contarle tu vida entera, ser recíproco con sus acciones y darles las buenas noches, los buenos días, las buenas tardes, el buen ocaso y el perfecto amanecer. Amar a un amigo y no dejarlo ir, recelar a los elogios ajenos y sonreír a pesar de los problemas. Amar a un amigo y comenzar un frenesí.
¿Cómo saber cuándo amamos a un amigo como amigo y cuando amamos a un amigo para “otras cosas”? ¿Cuándo nuestras buenas intenciones cambian? ¿Cuándo dejamos de verlo como amigo? Novios, amigos, amantes… prometidos. Dejamos de ver lo que queremos ver y vemos belleza donde antes veíamos fealdad, vemos pureza donde antes había maldad, sentimos piedad en lo que antes había envidia, sentimos aprecio a lo que antes renegábamos, escuchamos blanco cuando antes oíamos negro.
¿Es correcto ir mendigando amor por todas partes con el afán de rellenar ese huequito que creó nuestro amigo? ¿Es correcto amarlo a tal punto en que ni siquiera él sabe cuánto lo amamos? ¿Es correcto pensar en él noche y día? ¿Es correcto amarlo aunque él no nos ame? ¿Es correcto amar a un amigo? ¿Es correcto?
Mientras descubro que es correcto y qué no lo es, yo sencillamente no puedo dejar de amarlo. Porque si él supiera cuánto lo amo, él dejaría de estar mendigando amor por todas partes.
Anely Civy
0 comments:
Post a Comment